Economía de Córdoba en el siglo XIX

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La economía de la ciudad de Córdoba en el siglo XIX siguió siendo eminentemente agrícola.

A mediados de siglo, Córdoba contaba con 9 fábricas de sombreros, 3 de ceras, 34 de jabón blanco, 4 de paños y bayetas, 11 lienzos de lino, 6 de seda, 6 de curtidos, 7 de almidones, 2 de jabón duro, 86 joyerías, 38 molinos de aceite y 13 de harina.

Industria

La llegada de la revolución industrial a la ciudad de Córdoba se debe a José Sánchez Peña. La llegada da la máquina de vapor y su instalación en la fábrica de sombreros en la antigua cárcel de la Plaza de la Corredera, fue el pistoletazo de salida para esta revolución. La fábrica fue inagurada el 23 de agosto de 1846.

En el mismo campo industrial, proliferaron las fábricas de paños que fueron una de las industrias más boyantes que tuvo Córdoba en la segunda mitad del siglo XIX. A mitad del siglo XIX existían en Córdoba seis fábricas de paños importantes repartidas por la ciudad:

Especialmente las dos primeras fueron importantes en la ciudad. En el último tercio del siglo XIX, la existencia de otros paños, la competencia de nuevas telas como el algodón o la lana, así como la superior industralización de la industria catalana, hizo que poco a poco el sector industrial que empleaba a cientos de trabajadores en Córdoba se fuera extinguiendo.

Por otra parte, el último cuarto del siglo XIX, en la zona de Las Margaritas algunos empresarios abrieron sus negocios instalando fábricas de materiales de construcción, así como para la elaboración de jabones mediante la extracción del aceite de orujo, propiedad ésta última de Joaquín de la Torre y Compañía. Por otra parte, la actual Avenida de Ollerías acogió varias fábricas en este siglo como la fábrica de jabón, que durante más de tres generaciones, produjo jabón, y que fueron posteriormente reconvertidas en las Fundiciones Alba, fundada por Bernardo Alba Romero, donde durante las tres generaciones anteriores, había existido una fábrica de jabón.

Otra de estas fábricas importantes a finales del siglo XIX fue la Fábrica de Cristal, llegando a ser uno de los principales comercios de toda Andalucía, teniendo como clientes a personas tanto de Sevilla como de Málaga, o La Merced, fundición de hierro y construcción de máquinas de vapor para toda clase de industrias.

Es de destacar por otra parte la figura de Antonio Carbonell Llacer, quien crea en el año 1866, la casa Carbonell S.A y que su hijo Carlos Carbonell y Morand consiguió convertir en una de las empresas más importantes de la Córdoba del siglo XIX y del siglo XX.


Servicios

En cuanto al comercio, a mitad del siglo XIX, los comercios de la ciudad eran más bien modestos. sí exisitían en la ciudad las especerías y almacenes, despachando todo tipo de mercancias. También se estilaban las almonas o fábricas de jabón. Este entramado comercial se situaba principalmente en el entorno de la Plaza de la Corredera así como en la zona de la calle Ambrosio de Morales, calle principal de la ciudad en el siglo XIX y adyacentes.

Fue a mitad del siglo XIX cuando comenzaron los cordobeses a conocer los primeros cafés y restaurantes en la ciudad, destacando entre ellos el Café Suizo en la Calle Ambrosio de Morales nº5 de los hermanos Puzzini, así como el restaurante en la calle de la Plata, nº 11, propiedad de Antonio Muñoz Collado, la Casa Miguel Gómez, propiedad de Miguel Gómez Pavón o el restaurante de la Estación, regentado por José García Rodríguez

Sector financiero

El sector financiero de la ciudad era escaso en la segunda mitad del siglo XIX, reforzándose algo más con la ceración de la banca Pedro López por parte de un industrial de paños asentado en la ciudad, Pedro López así, y más importante a lo largo del tiempo de la creación del Monte de Piedad en 1864 por parte del Cabildo Catedralicio con su continuación en la Caja de Ahorros de 1878, para conformar el Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, germen del actual Cajasur.

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