Hornachuelos

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Bandera de Hornachuelos Escudo de Hornachuelos
Término municipal
Municipio de Hornachuelos
Código postal 14740
Coordenadas
 - Latitud:
 - Longitud:

37°49' N
05º15' 0
Superficie 911 km²
Altitud 185 m
Población (2005) 4.678 hab.
Gentilicio Hornacholero/a
Ríos Bembézar, Retortillo y Guadalora
Alcalde Julián López Vázquez (GIH)
Comarca Vega del Guadalquivir
Partido Judicial Posadas
Pirámide de población
Grupos quinquenales.
Cohortes plantilla h.png Cohortes plantilla m.png
Fuente INE, censo 2001.


Hornachuelos es un pueblo de la comarca de la Vega del Guadalquivir, al oeste de la provincia de Córdoba.


Geografía

- Ubicación:

- Vías de acceso: A-3151

- Clima:

- Flora y fauna:

Población

- Pedanías:

La Adelfilla El Águila Las Aljabaras La Almajara El Alta
Los Ángeles Bembézar del Caudillo Céspedes Los Corrales Mesas de Bémbezar
Mesas del Guadalora Las Mezquitillas Moratalla Nava de los Corchos Puebla de la Parrilla
San Calixto La Sevillana Valdeinfierno

- Centros educativos:

C.E.I.P. Victoria Díez I.E.S. Duque de Rivas S.E.P. Hornachuelos

- Medios de comunicación

- Datos poblacionales

Economía

Historia

Se desconoce el origen exacto del pueblo, aunque se sabe de la existencia de asentamientos prehistóricos por los yacimientos arqueológicos del municipio. Los restos de numerosas villas romanas indican una fuerte implantación rural con dedicación a la producción y comercialización del aceite de oliva. En época musulmana, el viajero árabe Al-Idrisi identifica por primera vez a Hornachuelos como pueblo, Furnuyulush, dejando testimonio escrito de ello. Su término estuvo poblado por las tribus árabes Qays y Kalb y la bereber Hawwara. Conquistado en 1240 por Fernando III, conjuntamente con Moratalla, ambos fueron puestos bajo jurisdicción del Concejo de Córdoba. Durante la primera mitad del siglo XVII se concedió con categoría de villa a Don Lope de Hoces, pasando a ser condado en 1640, a favor de Don Antonio Alonso de Hoces y en 1868 se elevó a ducado a favor de Don José Ramón de Hoces y González de Canales. En la transición de Antiguo al Nuevo Régimen, se consolidó como una zona con predominio de la gran propiedad.


Heráldica

Escudo de Hornachuelos (Córdoba).svg.png


De plata, cruz de Santiago de gules, cantonada de cuatro crecientes ranversados de azur. El escudo va coronado y con lambrequines verde y rojo.


Lugareños ilustres

Cultura

- Tradiciones:

- Gastronomía:

- Productos Típicos:

Turismo

Monumentos y lugares de interés:

- Hostelería:

Fiestas locales:

Galería

Hornachuelos en Rincones de Córdoba con encanto[1]

Una plaza blanca y verde

En la apartada orilla de las estribaciones serranas, arrullada por el Bembézar, que se remansa al pie del caserío en una presa, surge Hornachuelos, pueblo seductor que regala varios espacios con encanto al viajero ávido de gratas sensaciones.

El primero de ellos sorprende antes de entrar en el casco urbano, cuando la estrecha carretera dibuja una larga pinza –para salvar la depresión del terreno, tapizado de huertos y naranjos, bañados por el arroyo que baja de la Cañá de la Víbora– y surgen erosionados farallones de caliza, que el pueblo denomina Cuevas de las Carretas o del Caño de Hierro –el Cañojierro–, nombre del saludable manantial que surge junto a la curva. Sobre el agreste tajo, que recuerda un acantilado aunque falte el azote de un mar embravecido, se alinean las casas antiguas y modernas, interrumpidas por miradores protegidos por barandillas de hierro. Por la noche, los reflectores pintan un paisaje geológico sobrecogedor y fascinante. Una de las grutas naturales cobija por Navidad el más original y grandioso Belén que puede admirarse en toda la provincia.

El segundo rincón con encanto que Hornachuelos regala es el patio de armas del derruido castillo, que parece el patio de una aseada y modesta casa de vecinos. No tiene pérdida porque guían los topónimos de las propias calles; partiendo del Ayuntamiento, se toma primero Castillo y enseguida se tuerce a la derecha por Patio de Armas, que desemboca en tan mágico espacio, plazuela y patio al mismo tiempo. En la vertiente frontal se aprecian las ruinas de la antigua fortaleza, una maltrecha torre y un paño de la muralla, cuya abandono contrasta con la cuidada blancura de las modestas casas del perímetro. El recinto presenta dos niveles, separados y protegidos por un poyo, que las vecinas embellecen en primavera con floridas macetas. En el plano inferior aún quedan unas casitas adosadas a la muralla, cuya blancura contrasta con el tono terroso de las piedras. Al fondo del patio se encuentra la escalera que baja al aljibe de la fortaleza, protegida por tejado. Si al viajero le seduce la belleza de las cosas sencillas tomará asiento en el poyo para apreciar sin prisa este rincón intemporal, donde vencidas piedras medievales conviven con la sencilla vida cotidiana.

Pero el mayor encanto de Hornachuelos reside en su plaza dedicada a Blas Infante, un acogedor cuadrilátero elevado en el que verdea un bosquecillo de naranjos, que proyectan acogedoras sombras. Lo primero que llama la atención es la iglesia parroquial de Santa María de las Flores, deprimida con respecto al nivel de la plaza, lo que le proporciona aspecto achaparrado; pero eso es una mera apreciación óptica, pues si el viajero desciende la escalinata que salva el desnivel podrá contemplar la fachada en su adecuada proporción y perspectiva; destaca en ella la gótica portada de piedra clara, a la que confiere delicada belleza la moldura conopial flanqueada por pilastrillas helicoidales. Una sencilla verja cierra el pequeño atrio, amenizado por naranjos. A la izquierda de la fachada surge la proporcionada torre, cuyo primer cuerpo ostenta el escudo del obispo que la construyó en 1781, Baltasar de Yusta Navarro, como puede leerse en una inscripción. Por cuatro vanos de medio punto respira el campanario, rematado por una artística cruz de hierro. Si el viajero tiene la suerte de encontrar abierta la parroquia, debe entrar y fijar su atención en las naves del templo medieval, del siglo XIV, que se conservan parcialmente, incorporadas a la cabecera de la iglesia erigida a principios del siglo XVI|XVI]], dos templos en uno.

En el lado opuesto a la parroquia cierra la plaza un poyo protegido por barandilla de hierro, hermoso mirador sobre el agreste valle del Bembézar, río que baja de la Sierra de Hornachuelos –el reino de los mejores cotos de caza mayor– y se intuye en la hondonada por su murmullo, pues lo oculta la vegetación montaraz. Aquí la vista se anega de verdor y los pulmones se llenan de aire saludable, un privilegio. Poco más abajo, a los pies de la villa, el agua se remansará plácidamente en la presa de derivación.

Entre la iglesia y el mirador, se alinean en un lado casas de dos plantas, y en el opuesto blanquea el antiguo grupo escolar José Palencia, sede hoy de la Casa de la Cultura y la Biblioteca. Embellece el centro de la plaza una artística farola de cuatro brazos. La doble hilera de naranjos, la mayoría añosos, que en torno a la cuarentena festonean la plaza, regalan su sombra. Si no hay prisa, puede el viajero tomar asiento bajo sus copas, en los bancos de hierro, y olvidarse del tiempo mientras pasea la mirada por el entorno y saborea un silencio taladrado por cantos de pájaros y por las cadenciosas campanadas del reloj

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Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

Localización

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Direcciones de Internet:

Fuentes bibliográficas:

Hornachuelos ¡Un paraiso por descubrir!. Ayuntamiento de Hornachuelos

Fuente

El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de Wikipedia, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.


El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de la Enciclopedia Libre Universal, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.

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