La ascendencia cordobesa de Miguel de Cervantes

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Autores: José Rafael de la Torre Vasconi Localización: Boletín de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, ISSN 0034-060X, Vol. 19, Nº. 60, 1948 (Ejemplar dedicado a: IV Centenario de Cervantes), págs. 149-160

Este trabajo fué presentado el día 11 de Abril de 1947 al concurso que convocó el periódico «Córdoba», el cual ha sido diferido, según parece. Su autor, don José Rafael de la Torre y Vasconi, lo retiró el 9 de Abril de 1948.

Cuando se acercaba la fecha del cuarto centenario del descubrimiento del Nuevo Mundo, las Academias y otras Corporaciones, los historiadores y los eruditos, se movilizaron para celebrar tan fausto acontecimiento; y el Ayuntamiento de Córdoba también se consideró obligado a conmemorarlo, y abrió un concurso literario para premiar el mejor trabajo que demostrase el casamiento de Cristóbal Colón con doña Beatriz Enriquez, la madre de su segundo hijo conocido, don Fernando Colón.

Tema absurdo, por no calificarlo de otro modo; pues ya de antiguo se sabía, por testimonios irrefutables, que nuestra paisana Beatriz Enriquez no había contraído matrimonio con el insigne aventurero descubridor del Nuevo Continente. Sin embargo, se premió un trabajo de don Ramón Rabadán Leal que pretendía demostrarlo, contra el cual reaccionó violentamente don Rafael Ramírez de Arellano, mejor enterado 'del asunto, con otro publicado en el «Boletín de la Real Academia de la Historia». La última palabra sobre cuestión tan debatida la ha dicho don José de la Torre y del Cerro, en su obra Beatriz Enríquez de Harana y Cristóbal Colón, dada a la luz en el año 1933, por el «Instituto Hispano-Cubano de Historia de América». Y la traigo a colación, porque más adelante tendré que citarla al tratar de los ascendientes cordobeses del Principe de los Ingenios.

Ahora se repite el caso de 1892 con el cuarto centenario del nacimiento de don Miguel de Cervantes Saavedra. Aparte de la acción del Gobierno, obligada y meritoria, varios Ayuntamientos y Diputaciones Provinciales convocan certámenes literarios en honor suyo; algunas Academias salen de su letargo y también se aprestan a conmemorarlo; y en Córdoba, no la Diputación, ni el Ayuntamiento, ni siquiera la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, sino el periódico «Córdoba», establece un concurso para premiar, con la respetable suma de mil pesetas, el trabajo que demuestre la ascendencia cordobesa del autor del famoso libro «El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha», y por añadidura si éste fué escrito en nuestra ciudad.

Apurados nos vamos a ver todos los concurrentes al mismo, para aportar esos datos y noticias inéditas que se demandan en las bases de la convocatoria; porque una investigación de tal envergadura en documentos antiguos, ni puede cumplirse en un par de meses, ni realizarla quien no esté bien preparado para ello. Además resultaría completamente inútil, pues ya está hecha y agotada por don José de la Torre y del Cerro desde hace más de veinte años, y publicados los resultados esenciales de la misma en sus folletos «La familia de Míguel de Cervantes» y «Cinco documentos cervantinos». En este último se formula, fundamentado en documentos notariales, el arbol genealógico de la ascendencia paterna, toda ella cordobesa, de Miguel de Cervantes Saavedra hasta los tatarabuelos de ambas ramas. ¿Que más se puede pedir? ¿Quien, sino el propio don José de la Torre, puede ampliar las noticias conocidas? Algunas inéditas me ha facilitado de palabra y como al descuido. Pero las más importantes no ha querido dármelas a conocer, pues ya las tiene comprometidas para una publicación que verá la luz en este mismo año.

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Hasta que don Cristóbal Pérez Pastor no publicó su colección de Documentos cervantinos, hará unos cincuenta años, no eran muchas las noticias que se conocían sobre la familia de Miguel de Cervantes Saavedra, y aún se hallaba en entredicho cual fué su verdadera patria. Desde luego, su origen cordobés ni se sospechaba siquiera. El primero que dió con esta pista, revisando los papeles del Archivo Universitario de Osuna, fué don Francisco Rodríguez Marín, en las pruebas de Juan de Cárdenas, aspirante a una colegiatura en el Mayor de dicha villa, en las cuales declaró como testigo, el 9 de Octubre de 1555, el licenciado Juan de Cervantes, vecino de Córdoba, en la collación de Santo Domingo, y de 65 años de edad. A tan liviana noticia, que sólo probaba la vecindad del abuelo, y a otras de no mayor monta, referentes a la familia del poeta Gonzalo de Cervantes Saavedra, supuesto primo hermano suyo, que le comunicó don Rafael Ramírez de Arellano, se redujo por entonces, año de 1900, todo lo averiguado acerca de la problemática ascendencia cordobesa de Miguel de Cervantes.

Pasaron once años; y en el verano de 1911, don Antonio de la Torre y del Cerro, catedrático actualmente en la Universidad de Madrid, y su hermano don José, entonces Archivero de Hacienda, emprendieron unas investigaciones en el Archivo de Protocolos y encontraron varios documentos referentes a un bachiller Rodrigo de Cervantes, que supusieron pudiera ser padre del licenciado Juan de Cervantes. Comunicada la noticia a don Francisco Rodríguez Marín, éste vino a Córdoba en el mes de Octubre del mismo año; examinó y obtuvo copia de los documentos encontrados, realizó algunas búsquedas, con escaso fruto, y se marchó a continuarlas a Castro del Río, Baena, Cabra, La Rambla y Ecija, quedando don José de la Torre con la misión de proseguirlas aquí, en Córdoba, en el Archivo Municipal, que también tenía a su cargo, en el de Protocolos notariales y en los de varias parroquias. Así lo hace constar en su folleto «La familia de Miguel de Cervantes Saavedra».

La investigación cordobesa iba dando excelente fruto; y ya preparaba don Francisco Rodríguez Marín, para darla a la imprenta, su colección de Nuevos documentos cervantinos hasta ahora inéditos, cuando don Adolfo Rodríguez Jurado publicó el «Proceso seguido a instancias de Tomás Gutiérrez contra la Cofradía y Hermandad del Santísimo Sacramento del Sagrario de la ciudad de Sevilla», tema de su discurso de recepción en la Real Academia de Buenas Letras de la citada capital andaluza, celebrada el dia 11 de Febrero de 1914. En dicho pleito intervino como testigo Miguel de Cervantes, manifestando en sus dos declaraciones, prestadas en los días 4 y 10 de Junio de 1593, «ser vesino de la villa de Madrid y natural de la ciudad de Córdova».

La divulgación de tan sorprendente e inesperada noticia, produjo gran revuelo en nuestra ciudad; y para comprobar lo que hubiera de cierto respecto a lo manifestado por el propio Miguel de Cervantes, se propuso como uno de los temas para los Juegos Florales que se celebraron aquel mismo año, el siguiente: «Córdoba como lugar de nacimiento, residencia o vecindad de Cervantes o de alguna persona de su familia. De las memorias que se presentaron al concurso fueron premiadas las de don Francisco Rodríguez Marín, don Norberto González Aurioles y don Alfonso Adamuz Montilla, de los cuales solo el primero desarrolló cumplidamente el tema, dejando establecido: que el licenciado Juan de Cervantes, abuelo de Miguel de Cervantes, fué natural de Córdoba; que doña Leonor de Torreblanca, su esposa, fué también cordobesa; y que los padres del licenciado Juan de Cervantes fueron el bachiller Rodrigo de Cervantes y doña Catalina de Cabrera, asimismo cordobeses.

Ocho años después, el 4 de Noviembre de 1922, don José de la Torre y del Cerro leyó en el Salón de Sesiones del Excmo. Ayuntamiento su discurso de recepción en la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba. La familia de Miguel de Cervantes Saavedra. Apuntes genealógicos y biográficos fundamentados en documentos cordobeses, fué el título y tema de su trabajo, verdadero monumento de erudición y paciencia, en el cual recopilo cuantas noticias pudo ailegar, muchas de su propia cosecha e inéditas hasta entonces, respecto a los ascendientes paternos del autor del Don Quijote de la Mancha. El eco de los aplausos que le prodigaron aquella noche, se apagó enseguida; y su tarea investigadora, sólo en honor de Córdoba, cayó en el olvido muy pronto y por completo, como lo prueba la información publicada en el periódico iniciador de este Certamen, número correspondiente al miércoles 19 de Febrero. Ni siquiera se cita a don José de la Torre entre los escritores que se han ocupado de la ascendencia cordobesa de Miguel de Cervantes Saavedra.

Reanudadas sus investigaciones en el Archivo de Protocolos hacía el 1923, según declara, en el breve espacio de dos años consiguió el hallazgo de otro centenar de documentos cervantinos, algunos muy interesantes. Sólo se decidió a publicar cinco de ellos en el «Boletín de la Academia, los absolutamente indispensables para rectificar y ampliar el arbol genealógico de Miguel de Cervantes, y establecer sobre base firme y fidedigna el verdadero, y de una vez para siempre. Del contenido de tales documentos, resulta: que el padre del licenciado Juan de Cervantes, no fué el bachiller Rodrigo de Cervantes, sino un Rodrigo Díaz de Cervantes, trapero, hijo de Pedro Díaz de Cervantes; y que los progenitores de doña Leonor de Torreblanca o Fernández de Torreblanca, fueron el bachiller en Medicina Juan Diaz de Torreblanca, hijo de un Rodrigo Díaz de Torreblanca y doña Isabel Fernández, hermana del famoso médico Maese Luís.

Tal es, trazada a grandes rasgos, la historia de la investigación cervantina cordobesa.

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De los dos bisabuelos paternos de Miguel de Cervantes Saavedra, el más famoso y de mayor relieve social fué el bachiller en Medicina don Juan Díaz de Torreblanca, digno suegro del licenciado Juan de Cervantes. Fue un hombre de viso en Córdoba durante el último tercio del siglo XV y primeros años del XVI, bien relacionado con excelente crédito científico y no escasos bienes de fortuna, granjeados los más de ellos en lucrativos aunque no muy limpios negocios. Vino al mundo en esta ciudad andaluza algo mediado el siglo XV, y fueron sus padres Rodrigo Díaz de Torreblanca, sin profesión conocida, y doña María Alonso. Al perder esta a su marido y con varios hijos menores de edad, le buscó un sustituto en el bachiller maestre Juan Sánchez, físico y cirujano, buena persona, que ha pasado a la historia cuyo compañero de Cristóbal Colón en su primer viaje a las Indias, como refiere don José de la Torre en la citada obra «Beatriz Enríquez de Harana y Cristóbal Colón». Y tal vez debido a este segundo matrimonio de su madre con un médico, Juan Díaz de Torreblanca siguió la carrera de medicina, sin duda alguna en la Universidad de Salamanca, como andando el tiempo lo hizo uno de sus hijos.

La ejerció en Córdoba durante más de veinte años, con gran éxito y bastante provecho, y testimonios notariales existen de varias notables curas por él realizadas. En unión del bachiller Fernán Pérez de Oliva y del maestro Pedro de León, fué alcalde de los físicos en diversas ocasiones; por cierto que en 1493 los genoveses Manuel y Cristóbal de Espindola le recusaron, y a Pedro de León, como jueces odiosos v sospechosos, en un proceso que contra ellos se seguía. También en 1505, en el Cabildo celebrado por la Ciudad el día 7 de Julio, se denunciaron los cohechos que cometía el bachiller Torreblanca, prevalido, sin duda, de su cargo de inspector o examinador de medicina. En verdad, y por lo que resulta de los documentos que a él se refieren, Juan Díaz de Torreblanca fué un hombre ambicioso, trapisondista y de pocos escrúpulos, y además de un carácter violento e irascible.

El hecho más escandaloso de su vida, fué uno ocurrido en 1495. A principios de este año, su suegro Diego Martínez, él y un tal Juan de Molina, formaron compañía para el arrendamiento de la Alcabala de los paños, pero Juan Díaz de Torreblanca, valiéndose de su cuñado Juan de Castillejo, los burló pujándoles la renta y quedándose él solo con el arrendamiento, para el cual ofreció como fiadora a su esposa doña Isabel Fernández. Como ésta, dolida de la conducta seguida con su padre, se negase a dar la fianza, fué maltratada y amenazada de muerte por su marido, como lo hizo constar en dos comparecencias ante escribanos públicos. Al fin, Juan Díaz de Torreblanca salió adelante con su propósito, y aquel año, por lo menos, pudo disfrutar de un negocio que le produjo cuantiosos ingresos.

Con lo heredado de sus padres, la buena dote de su mujer, sus ganancias profesionales y las otras no tan legítimas, logró reunir una fortuna más que regular. Poseyó varias fincas en Córdoba; huertas, hazas de tierra calma, viñas y olivares en sus alrededores, y un molino aceitero en el arroyo de Pedroches, a dos kilómetros de la población, que aún conserva el nombre de Molino de Torreblanca.

Su salud fué siempre precaria, y murió jóven, relativamente. Otorgó su primer testamento conocido el día trece de Abril de 1498, y el segundo y último el primero de Marzo de 1503; pero pudo ir tirando unos cuantos años más. Ya había fallecido en Abril de 1512.

Estuvo casado con doña Isabel Fernández, hija del rico mercader Diego Martínez y de Juana Fernandez. De ella dejó nueve hijos: Rodrigo Díaz de Torreblanca, Juan Díaz de Torrebianca, Leonor de Torreblanca o Fernández de Torrebianca, Catalina de Torrebianca o Fernández de Torrebianca, María Alonso de Torreblanca, Juana Bermúdez, Isabel Constanza y Cristóbal de Torreblanca. Leonor Fernández de Torreblanca, tal vez la primogénita, contrajo matrimonio a fines de 1503, o principios del siguiente año, con el bachiller en Derecho, y luego licenciado don Juan de Cervantes; se ausentó de Córdoba en 1515, y regresó definitivamente a ella en Octubre de 1553, con su hijo Rodrigo y la familia de éste, para morir cuatro años mas tarde en casa de su hermana María Alonso, en la calle de Sillería. Catalina Fernández de Torreblanca profesó en el convento de Santa María de las Dueñas, y luego se pasó al de Nuestra Señora de la Concepción, del que era priora en 1557, cuando murió su hermana Leonor, que la cita en su testamento. Rodrigo Díaz de Torreblanca, espíritu inquieto y trapisondista como su padre, ejerció varios oficios, hasta el de guadameciiero entre los años 1549 y 1553, cuando vivía en la calle de Grajeda, y estuvo casado tres veces, dejando dos hijos, Isabel y Francisca, de su primera esposa Violaste López. Juan Díaz de Torreblanca siguió la carrera de Medicina en la Universidad de Salamanca, y murió muy jóven, en 1517. Cristóbal de Torreblanca falleció ocho años después, sin dejar tampoco descendencia. Juana Bermúdez estuvo casada con Alonso Jiménez, sillero de la gineta, domiciliado en la calle de Sillería, y pasó a mejor vida en 1551, sin dejar hijos. María Alonso de Torreblanca contrajo matrimonio, cuando ya rondaba los sesenta, con el Alonso Jiménez, viudo de su hermana Juana. Isabel y Constanza debieron moría muy jóvenes, pues de ellas no existe rastro alguno en documentos posteriores al segundo testamento de su padre.

Cuñado del bachiller Juan Díaz de Torreblanca, hermano de su esposa, fué el célebre médico Luis Martínez. Nació en Córdoba hacía el año 1470, y fué el segundo de los varones y último de los cinco hijos que tuvieron el rico mercader Diego Martínez y doña Juana Fernández. Cursó la carrera de Medicina en la Universidad de Salamanca; pero sólo llegó a graduarse de bachiller, aunque en algunos documentos posteriores a su fallecimiento se le titula licenciado. Fué uno de los mejores médicos que tuvo Córdoba en la primera mitad del siglo XVI; y aún conserva su nombre de «Maese Luis» la calle donde vivió durante los treinta últimos años de su larga vida, en la penúltima casa de la derecha, junto a la botica, en la cual estuvieron domiciliados anteriormente el bachiller Juan Díaz de Torreblanca y su yerno el licenciado Juan de Cervantes, abuelo de Miguel de Cervantes Saavedra. Durante unos seis años, del 1535 al 1540, tuvo a su cargo la administración del hospital de Antón Cabrera. Falleció en el mes de Octubre de 1548.

Contrajo matrimonio con doña Marina Méndez, de la que dejó seis o siete hijos: el licenciado Cristóbal Bermúdez, médico, que murió asesinado en 1550; Juana Bermúdez, mujer de Luis de Godoy; Luisa Méndez; María Méndez de Sotomayor, casada con Rodrigo de Godoy; Diego Martínez y Ana Bermúdez. Al parecer también fué hijo suyo un Rodrigo Diaz de Torreblanca, cuyo segundo apellido adoptó el bachiller Luis Martínez en los postreros años de su vida.

Tuvo cuatro hermanos conocidos: Diego Martínez, sillero de la gineta, domiciliado en la plaza del Potro, en la casa que forma esquina con la calle de la Sillería, cuyo arrendamiento conservó su hijo Diego Martínez, también sillero de la gineta; la citada Isabel Fernández, esposa del Bachiller Juan Díaz de Torreblanca; Inés Fernández, casada con el boticario genovés micer Leonardo de Esbarroya, emparentado con los Enríquez de Harana, cuya tienda se hallaba establecida en la actual calle Alfonso XIII; y Luisa Fernández, mujer de Lope Sánchez de Morales, hijo del médico Juan Sánchez, que acompañó a Cristóbal Colón en su viaje del descubrimiento.

Rodrigo Díaz de Cervantes, el otro bisabuelo paterno de Miguel de Cervantes Saavedra, era hijo de un Pedro Díaz de Cervantes. Fué trapero, esto es, comerciante de tejidos. Estuvo domiciliado en la collación de San Bartolomé, y luego en la de San Nicolás de la Villa, de la cual fueron vecinos otros dos homónimos y contemporáneos suyos, lo que ha dado motivo a confusiones, a saber: Rodrigo de Cervantes, hijo de otro Rodrigo de Cervantes, ya difunto en 1496, padre del Rodrigo de Cervantes, contador de la Goleta; y el titulado bachiller Rodrigo de Cervantes o Fernández de Cervantes, marido de Catalina Martínez y padre de Juan Martínez, Ana, Catalina y María. Rodrigo Díaz de Cervantes estuvo casado con una Catalina de Cabrera, de la que dejó tres hijos ciertos y conocidos: el bachiller y luego licenciado Juan de Cervantes, abogado; María de Cervantes, monja profesa en el convento de Jesús Crucificado; y Catalina de Cervantes, fallecida en 1544, que ni fué monja ni llegó a contraer matrimonio. También parece que fueron hijos suyos fray Rodrigo de Cervantes, dominico, superior del convento de San Pablo, santo varón y muy culto, que pasó a mejor vida a fines del año 1551 o principios del 1552; y Miguel Díaz, mercader, cuya única hija María de Cervantes contrajo matrimonio con el jurado Andrés López Barba, y cuyos nietos llevaron nombres propios tan cervantinos como los de Andrés, Miguel, María y Catalina.

El bachiller en Derecho y luego licenciado Juan de Cervantes, debió nacer hacia el año 1480, cursar sus estudios en la Universidad de Salamanca, y coincidir en ella, como luego al servicio del Ayuntamiento de Córdoba, con su paisano Gonzalo Jiménez, padre de otro cordobés ilustre: el licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada, descubridor y conquistador del Nuevo Reino de Granada, hoy República de Colombia. Ya en Junio de 1500 era bachiller, y a poco fué nombrado abogado del Real Fisco. En el cabildo celebrado por la Ciudad el 22 de Diciembre de 1516 fué elegido como Alcaide Mayor, aunque interino; y al siguiente año, teniente del Corregidor. Desempeñaba la letradia de las Ordenanzas de los fuegos, cuando se ausentó de Córdoba, a principios del año 1518, con toda su familia.

Don Cristóbal Pérez Pastor, don Francisco Rodríguez Marín, don Vicente Paredes y don José de la Torre, en sus publicaciones cervantinas han dado a conocer, coro bastantes pormenores, las andanzas del famoso licenciado Juan de Cervantes, por varias ciudades y pueblos castellanos y andaluces, durante el largo periodo de treinta años, desempeñando diversos cargos y comisiones, de cuyos juicios de residencia no siempre escapó bien librado. Como la índole de este trabajo no lo exige, ni la limitada extensión que debe dársele tampoco lo permite, excusamos el reproducirlos. Baste decir, que residió en Toledo durante algunos meses; luego en Cuenca, como teniente del Corregidor don Luís Méndez de Sotomayor y de Haro; más tarde en Guadalajara, con el cargo de Oidor del Consejo del Duque del Infantado; en Alcalá de Henares, una larga y próspera temporada; en Ocaña; en Plasencia, como Juez de residencias y Corregidor, desde el 1538 al 1541; en Cabra, como Alcalde Mayor del Estado de Baena, condado de Cabra y vizcondado de Iznájar, entre los años 1541 y 1545; y últimamente en Osuna, como Gobernador del estado del Conde de Ureña. Ya en el ocaso de su vida, en el de 1560, se retiró a Córdoba, sin esperanzas de obtener nuevos destinos; pero el Cabildo de la Ciudad, lo llamó de nuevo a su servicio por acuerdo de 10 de Julio de 1551. El 11 de Marzo de 1556 entregó su alma a Dios, siendo sepultado en el convento de Jesús Crucificado, de monjas dominicas. Un año después le siguió por el mismo camino su doña Leonor Fernández de Torreblanca. Al fin se unieron en la otra vida y en el mismo sepulcro los que en la terrena no siempre estuvieron bien avenidos.

De su matrimonio con doña Leonor Fernandez de Torreblanca, contraído en la iglesia parroquial de San Pedro a fines del 1503 o principios del siguiente año, el licenciado Juan de Cervantes tuvo cinco hijos: Rodrigo, Juan, Andrés, María y Catalina, todos nacidos en Córdoba, sin duda alguna, y bautizados en la misma iglesia. Como es de suponer, los cinco hubieron de acompañar a sus padres, desde que estos se ausentaron de Córdoba en 1518, en sus distintos cambios de residencia, mientras no alcanzaron la mayoría de edad, tomaron estado o constituyeron familia aparte en algún lugar del tránsito. Juan de Cervantes , el segundo de los hijos varones, murió en Alcalá de Henares. Andrés de Cervantes, el tercero, fijó su residencia en la villa de Cabra, y allí contrajo matrimonio, hacia el año 1545, con doña Francisca de Luque, de la que tuvo seis hijos: Juan, Leonor, Catalina, Antonia, María y Rodrigo. María de Cervantes permaneció en Alcalá de Henares y no llegó a contraer matrimonio, aunque su madre doña Leonor, en su testamento, dice que era viuda, piadosa mentira, con la cual trató de encubrir sus faltas, y no livianas. Catalina de Cervantes, la otra hija del licenciado don Juan, profesó en el convento cordobés de Jesús Crucificado, fué superiora del mismo durante muchos años, y en el de 1577 cabeza de motín de una rebelión de ias monjas contra su provincial fray Francisco de Vargas.

Los huesos de don Juan y de doña Leonor, allí enterrados, se estremecerían de horror, o de contento, vaya Vd. a saber, ante aquél gesto de su hija.

Rodrigo de Cervantes, el primogénito, nació seguramente en casa de su abuelo materno Juan Diaz de Torreblanca, domicilio también de sus padres, y fué bautizado en la iglesia de San Pedro. Durante su estancia en Alcalá de Henares, allá por los años 1531 al 1533, debió de hacer algunos estudios de Medicina en aquella Universidad. En dicha villa contrajo matrimonio, hacia el 1540 con doña Leonor Cortinas, natural de Barajas, de la cual le nacieron siete hijos: Andrés, que murió pronto; Andrea, Luisa, Miguel y Rodrigo, bautizados en la parroquia de Santa Maria la Mayor de la misma; Magdalena, nacida en Valladolid, y Juan, que tal vez viera en Córdoba la luz primera y fuera bautizado en la parroquia de San Nicolás de la Ajerquia. De Alcalá de Henares trasladó su residencia a Valladolid en el año 1551 para atender, a las incidencias de un pleito que sostenía con el marqués de Cogoiludo; pero hubo de contraer una deuda, que no pudo pagar al término de la obligación, y fué metido en la cárcel. Puesto en libertad, merced a la probanza de su hidalguía, se vino a Córdoba en el mes de Octubre de 1553, buscando el amparo de su padre, y acompañado de su madre, que con él se encontraba, de su esposa y de sus cinco hijos. Aquí residió entonces durante unos tres o cuatro años, hasta la muerte de sus padres, y luego se marchó a la villa de Cabra, según todos los indicios que existen, en demanda de la protección de su hermano Andrés. De Cabra se trasladó a Sevilla, y de allí a Madrid. Como de paso estuvo en Córdoba, en Abril de 1565. Luego ya no vuelve por Andalucía. Falleció en la villa y Corte a mediados del año 1585.

Vamos, ahora, con la segunda parte del tema propuesto por el periódico «Córdoba» en su Certamen literario referente a Miguel de Cervantes Saavedra: «Posibilidad de que su obra—(El Quijote de la Mancha)--fuera escrita o inspirada en esta provincia».

Está fuera de dudas, entre los cervantistas que han estudiado a fondo esta cuestión, que la obra más famosa de la literatura española, en su primera parte, fué fraguada por Miguel de Cervantes en la cárcel pública de Sevilla, durante su larga reclusión en la misma entre los años 1597 y 1599. Puede que no toda ella la escribiera entonces, sino a salto de mata en otros períodos de tranquilidad o forzado reposo, y aún creo que en su plan inicial y primeros capítulos es anterior al 1589; pues bien se advierten en diversos pasajes interrupciones o suspensiones, alguna bastante larga, y rellenos posteriores de historietas enlazadas forzadamente a la acción principal. Hay que desechar, desde luego, el supuesto de don Alfonso Adamuz Montilla, recogido en la propuesta del tema, de que Miguel de Cervantes la compusiera en Córdoba, en el tranquilo domicilio de alguno de sus cercanos parientes; porque de estos ninguno le quedaba vivo en esta ciudad a fines del sigio XVI, sino en las villas de Cabra y Lucena, y hasta su antiguo compañero de armas en la batalla de Lepanto e íntimo amigo Gonzalo de Cervantes Saavedra, que pudo darle alojamiento alguna vez en su casa, ya había muerto, por cierto trágicamente y bien lejos de estas tierras.

¿Más le fué inspirada en algún suceso ocurrido por aquella época en esta provincia, como se ha llegado a suponer? De ningún modo, aunque fuera luego aprovechado por Miguel de Cervantes. Pero vamos a examinar el origen y fundamento de tal creencia. Ei cronista don Luis María Ramírez y de las Casas-Deza, en su historia de la villa de Santaella, recoge la siguiente tradición:

Es asimismo patria de Alonso Colorado, llamado el Guapo, que nació en 1535, el cual para adquirir este renombre, hubo de ejecutar señaladas proezas, de que ignoramos si se conserva memoria; pero sabemos que del mismo modo que el famoso hidalgo manchego, puso en libertad tres carros de galeotes, por lo que se compuso una letrilla, que decía:

Si me llevas a galeras,
llévame por Santaella.

Esta tradición fué acogida también por don José de la Torre en su folleto «La familia de Miguel de Cervantes Saavedra» y posteriormente por don Antonio Sarazá Murcia en un trabajo literario, bastante documentado, pero algo fantástico, publicado en el Diario de Córdoba. La tradición tiene todos los caracteres de verdad histórica, pues existió el Alonso Colorado, hijo de Miguel Colorado, bautizado en la iglesia parroquial de Santaella el 9 de Junio de 1535, y del cual fué uno de los padrinos el jurado de la villa don Juan de Cervantes, fallecido diez años después sin dejar descendencia, Miguel de Cervantes estuvo en Santaella en el de 1589, y sin duda alguna allí recogería la referencia del suceso, que luego se io adjudicó al protagonista de su obra «El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha».

El que en ella figura retratado y puesto en la picota, fué don Alonso Quijano el Bueno, natural y vecino de Esquivias, tio y tutor de su esposa doña Catalina de Palacios y principal causante de sus desavenencias matrimoniales. Cuando Miguel de Cervantes escribió «En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme...» no tenia la menor noticia de Alonso Colorado, ni tal vez conocía la villa de Santaella.

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