Baena

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Bandera de Baena Escudo de Baena
Término municipal
Municipio de Baena
Código postal 14850
Coordenadas
 - Latitud:
 - Longitud:

37°37' N
04º20' 0
Superficie 361 km²
Altitud 405 m
Población (2005) 20.447 hab.
Gentilicio Baenense y baenero/a
Ríos Río Guadajoz y Marbella
Alcalde Luis Moreno Castro (PSOE)
Comarca Campiña Este - Guadajoz
Partido Judicial Baena
Pirámide de población
Grupos quinquenales.
Cohortes plantilla h.png Cohortes plantilla m.png
Fuente INE, censo 2001.

Geografía

- Ubicación: Dista 65 Km. de la capital por la carretera Badajoz-Granada (dirección a Granada).

- Vías de acceso: N-432, A-305, A-3125 y A-3128

- Clima: Mediterráneo continentalizado.

- Flora y fauna:

Población

- Pedanías:

Albendín Aladid Cortijo Bajo Fuentidueña
Manosalva Palomarejo El Pilar La Sierra

- Centros educativos: Ver categoría Centros de educación de Baena

- Medios de comunicación

- Datos poblacionales

Economía

Importante centro de producción de aceite de oliva de denominación de origen controlada. También destacan sus vinos, que forman parte de la Denominación de Origen Montilla-Moriles.

Historia

Son numerosos los testimonios arqueológicos que ponen de manifiesto el asentamiento humano en la zona desde tiempos prehistóricos, destacando los yacimientos procedentes de la Edad de los Metales, además del legado cultural dejado por los íberos, con numerosos hallazgos religioso-funerarios, entre los que se encuentra la llamada leona de Baena conservada en el Museo Arqueológico Nacional. Esta escultura fue hallada en el cerro del Minguillar, donde se cree que se hallaba Iponuba, ciudad ibérica citada por Plinio.

No está fehacientemente comprobado que los romanos distinguieran a este núcleo de población con la denominación de Julia Regia o Virtus Iulia por la ayuda que prestó a Julio César en la Batalla de Munda contra los hijos de Pompeyo.

Su denominación actual procede de los musulmanes, que la llamaron Bayyana. Posiblemente su ubicación actual también se deba a ellos; Baena cambia su emplazamiento en un intento de hacer de ella una ciudad fuerte contra el enemigo y dotándola de la Almedina, en cuyo seno construyen el castillo, la mezquita (la último parte de ésta se cree que podría ser el primer cuerpo de la Iglesia de Santa Mª la Mayor) y a su alrededor una población formada por mandos del ejército y la nobleza lugareña. Durante el siglo IX fue tomada por el rebelde muladí Umar ben Hafsun, mientras que el el siglo siguiente albergó la alcazaba donde residían los gobernadores de la cora de Cabra.

En 1240 fue conquistada mediante capitulación pacífica por Fernando III el Santo, quien la concede a su hermano Alfonso de León. Es a principios del siglo XV cuando se concede en señorío a Diego Fernández de Córdoba, pero se entabla un pleito en su contra, si bien lo recibe finalmente a mediados de siglo. Con esta familia, durante el primer cuarto del siglo XVI, se ejecuta la mayor parte de la fábrica de la Iglesia de Santa María la Mayor y también el Convento de Madre de Dios.

El siglo XVI se caracteriza por un fuerte crecimiento demográfico, seguido, como en muchas localidades españolas, de una profunda crisis en el siglo XVII e indicios de recuperación en la centuria siguiente, en la que la agricultura va a jugar un papel importante en la economía de la ciudad, aunque caracterizada por un mal repartimiento de la tierra, dominada por el latifundismo y un gran número de campesinos sin tierra. La abolición de los señoríos en el siglo XIX supuso una esperanza en cuanto a la redistribución de la tierra, que resultó defraudada, como en muchos lugares de España, puesto que las tierras puestas en venta fueron a caer en manos de los más ricos. Como ejemplo baste citar que en en 1821 se produjo el reparto del Monte Horquera, en el que se privatizaron más de 8.000 fanegas de tierra. Sus nuevos propietarios, quizás por falta de recursos económicos u otras causas, vendieron dichas propiedades que fueron adquiridas por los más hacendados.

A mediados del siglo XIX (1854), la localidad se vio afectada por «la epidemia del Cólera-morbo asiático» en la que murieron cerca de 700 de sus habitantes. Lo que unido al hambre supuso una fuerte emigración.

- Heráldica:

- Lugareños ilustres

Cultura

- Tradiciones:

- Gastronomía:

- Productos Típicos:

Entornos y Parques Naturales

Ante el incremento de agentes contaminantes dentro del marco urbano y debido al incipiente aumento de tecnologías en el último siglo, y aunque algunas de ellas se han estado fabricando para disminuir progresivamente el calentamiento global, el Ayuntamiento de Baena participa con la incorporación de cobertura vegetal dentro de la superficie urbana actual, como son los parques de interior (Parque Municipal Ramón Santaella y Parque de la Cañada) y los jardines y zonas verdes que se están implantando en distintos lugares diseminados por la ciudad.

Mediante este sistema de naturación urbana, la sociedad actual consigue beneficios ambientales tales como el descenso de temperatura en determinados focos de la población, un sistema de filtrado natural de agentes contaminantes, y sobre todo un ecosistema urbano que permanece en contacto directo con los habitantes que lo rodean.

Este hecho de creación de zonas verdes y ajardinadas se repite progresivamente para luchar contra el aumento indiscriminado de la temperatura global, concienciando a la ciudadanía sobre la conservación, mantenimiento e importancia que tienen los entornos de naturaleza urbana repartidos en el territorio que nos rodea.


Aquí tenemos una lista de los entornos naturales que encontramos en nuestro territorio:

Turismo

Monumentos y lugares de interés

- Hostelería:

Fiestas locales

  • Semana Santa
  • Feria Real: Finales de Septiembre, comienzos de octubre.

Lugareños ilustres

Callejero de Baena

En este callejero aparecen todas la calles de Baena junto con sus plazas más significativas, así como una breve descripción si ésta es lo suficientemente significativa, junto con fotografías y un pequeño mapa de localización.


Baena en Rincones de Córdoba con encanto

Diálogo de arquitecturas [1]

La plaza de la Constitución de Baena es espacio con encanto que sabe anudar la tradición y el progreso. La arquitectura barroca de la Casa del Monte, que recorre toda la vertiente meridional, dialoga con el Ayuntamiento, pues ambas utilizan, aunque con dos siglos de diferencia, el lenguaje común del ladrillo.

Nada más desembocar en la espaciosa plaza, tras remontar desde el Llano las calles Juan Rabadán y Mesones, lo primero que llama la atención del viajero es la Casa del Monte, en la vertiente izquierda, que recibe este nombre porque fue construida, en 1774, con cargo al caudal del Monte Horquera –paraje perteneciente al común de vecinos, donde surgiría Nueva Carteya– con destino a diversos servicios públicos, como escuelas, comercios, cuartel y otros usos. Su porticada planta baja y las dos superiores, con balcones, le recordarán al viajero la Corredera cordobesa. La monótona pero armoniosa sucesión de balcones la interrumpe en el centro una vistosa hornacina con decoración rococó, que acogió originalmente un cuadro de la Divina Pastora, del pintor baenense Diego Monroy, y hoy un mural de azulejos que efigia al Corazón de Jesús.

En la vertiente contigua a la Casa del Monte y presidiendo la cabecera de la plaza se alza la fachada posmoderna de las casas consistoriales, proyectadas por el arquitecto Juan Cuenca en los años ochenta. Tras su aparente sobriedad, el edificio aporta con lenguaje actual una dicción barroca, como se aprecia en el gran arco que se abre en el centro de la fachada, integrador de portada y balcón.

Observa el historiador Manuel Horcas que “parte del encanto de la plaza reside en su disimetría, al ocupar los dos restantes laterales casas particulares, que quedan empequeñecidas frente a la grandiosidad de estos dos edificios públicos”. En efecto, frente a la Casa del Monte se desarrolla una vertiente más heterogénea, entre cuyos edificios destacan el viejo Casino fundado en 1913, y el Teatro Liceo, inaugurado en 1910, que, tras ser relegado a mercado de abastos durante setenta años, fue recuperado en 1999, tras una sabia rehabilitación. Por encima de los nombres oficiales, cambiantes a tenor de los vaivenes políticos, los baenenses la llaman plaza del Coso, topónimo que revela su antigua dedicación a espectáculos taurinos.

Como diría un arquitecto, la plaza tiene un carácter vertebrador; conecta la ciudad baja con la alta, articula calles, concentra los servicios públicos, sirve de escenario a las grandes celebraciones y favorece la relación entre los baenenses. Es una plaza viva que, sin traicionar su esencia, ha ido dando respuesta a las necesidades de los tiempos; la última ha sido la creación de un aparcamiento subterráneo bajo su pavimento. Un pavimento de cuidado diseño actual, en el que parterres, estanques y bancos separan y amenizan los distintos espacios sin perturbar la integradora continuidad de la gran explanada, gran salón del que dispone Baena para todo tipo de celebraciones públicas.

La remodelación de la plaza suprimió el viejo monumento erigido en 1919 en honor del ilustre polígrafo y ensayista baenense Amador de los Ríos, trasladado a la plaza de su nombre, y reemplazado, en la misma vertiente, por dos figuras de bronce colocadas casi a ras del suelo, así que parecen dispuestas, por su cercanía, a entablar conversación con los paseantes; se trata de Juan Alfonso de Baena, escribano de Juan II –para el que compiló en 1445 la poesía castellana de la época en el famoso Cancionero de Baena–, y del misionero dominico Santo Domingo de Henares, martirizado en Tonkin, hoy Vietnam, en el año 1838.

Vigilando la plaza desde un ángulo permanece sobre su alta columna, como un triunfo laico, el judío –el bronce no permite distinguir si coliblanco o colinegro–, protagonista con su tambor de la Semana Santa baenense, que la mañana del Viernes alcanza en esta plaza su momento culminante, con la procesión de Jesús Nazareno y la representación del ingenuo Auto de la Pasión. </div>

La resurrección de Santa María [2]

En la cima del cerro sobre el que Baena despliega su blanco caserío, despunta la torre barroca de Santa María la Mayor, un templo que hasta hace pocos años soportó, como una vergüenza, las graves heridas de la guerra incivil. Pero con la llegada de la última primavera la iglesia floreció como una espléndida flor de piedra y luz, tras su restauración, fruto de ejemplar colaboración entre instituciones. Fue un día grande para Baena aquel 28 de marzo en que el templo radiante reabrió sus puertas y los baenenses que lo abarrotaban pudieron admirar, con sorpresa y emoción, la triunfal resurrección de su “pequeña catedral”.

También para el viajero sensible es un gozo descubrir la nueva imagen de la iglesia mayor. Remontando la calle dedicada a Santo Domingo de Henares y girando a la izquierda por Arco de la Villa se desemboca en la plaza del Ángel –con su San Rafael sobre modesta columna–, dominada por la airosa torre del templo, tras cuyos rasgos barrocos se alza un templo gótico-renacentista, como adelanta la portada que se abre a sus pies. El interior de tres naves, separadas por soberbias arquerías apuntadas, ha recuperado su remota grandeza. El desnudo testero de la capilla mayor, en cuya amplitud se pierde la gótica imagen de la Virgen de la Antigua sobre una repisa, contrasta con las delicias platerescas de los retablos de yeso y con la artística reja del presbiterio, ahora instalada a los pies. Sorprenderán, por lo novedosas, las bóvedas de arista revestidas de madera.

Aunque la recuperada iglesia mayor es la joya de este espacio con encanto que se extiende en la meseta superior del cerro, no está sola. El viajero debe asomarse a la falda de su fachada de la epístola, donde se escalonan las calles de la antigua Almedina, un barrio que el ayuntamiento va recuperando sin traicionar su urbanismo bajomedieval. Algunas de las modestas casas ostentan blasones evocadores de pasadas grandezas. Al final de la calle de Arriba –con casas en un solo lado, pues el otro es un mirador sobre los cerros olivareros, a cuyos pies serpentea el arroyo Marbella– surge el Arco Oscuro, un restaurado torreón del recinto amurallado musulmán, con puerta en recodo, tan característica del periodo almohade.

Al avanzar por el evocador callejón Arco de la Villa –blancos muros a la derecha y mirador sobre tejados a la izquierda–, sale enseguida al paso, tras una portadita neoclásica, un patio ajardinado. Nada más observar el pórtico y las ventanas protegidas por celosías que recorren la planta alta, comprenderá el viajero que se halla ante el patio de un convento, cuyo místico recogimiento completan cipreses y naranjos en alternancia con floridos rosales y trepadoras glicinias. Se respira aquí beatífica paz y reina el silencio, subrayado por cantos de pájaros y el tañido de una campana. Poco más adelante atraviesa la calle un arco blanco recorrido por una galería-mirador, igualmente protegida por pudorosas celosías.

Desemboca el breve callejón en la plaza del Palacio, a la que se asoma la fachada de la iglesia conventual, protegida por una verja y un jardín. El viajero aficionado al arte enseguida fijará su atención en la bella portada gótico-renacentista coronada por un relieve de la Anunciación y los escudos de Diego Fernández de Córdoba, fundador del cenobio en 1510. Pero si tiene oportunidad de penetrar en el templo le fascinará su recogimiento interior, dominado por la concha poblada de esculturas y el retablo mayor, de mármol y bronce, con pinturas del taller de Bassano, que transporta a la Italia del Renacimiento, donde fue realizado.

Delante de la iglesia conventual se extiende la espaciosa plaza del Palacio, recuperada para celebraciones al aire libre, cuyo fondo recorre la reconstruida muralla del antiguo castillo; contrasta con ella una portada neobarroca de piedra blanca, tras la que espera el viajero encontrar una instalación cultural, pero sufre una pequeña desilusión, pues no hay más que un modesto bar, que saca sus veladores a la explanada. Sí es un privilegio tomar una cerveza en semejante lugar, que infunde cierta emoción histórica, a poco que el viajero sepa que el castillo fue construido por el emir Abdullah en 890, que fue tomado un año más tarde por el caudillo rebelde Omar Ben Hafsum, que fue conquistado por Fernando III en 1242, que hospedó a los Reyes Católicos en 1485, y que sirvió de prisión a Boabdil y al futuro Gran Capitán. Al anochecer el viajero se siente cerca de las estrellas y de la historia de Baena en esta plaza, vigilada desde un ángulo por la reproducción en bronce de la famosa leona ibérica hallada en el cercano cerro del Minguillar, hoy en el Museo Arqueológico Nacional

Direcciones de Internet

Fuentes bibliográficas

  • Ramírez y las Casas-Deza, Luis María - Corografría histórico-estadística de la provincia y obispado de Córdoba. Córdoba, Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, 1986. ISBN 84-7580-249-4
  • Rodríguez Neila, Juan Francisco - Historia de Córdoba. Del amanecer prehistórico al ocaso visigodo. Córdoba, Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, 1988. ISBN 84-7580-520-5
  • VV.AA. - Guía artística de la provincia de Córdoba. Córdoba, Universidad de Córdoba, 1995. ISBN 84-7801-285-0
  • VV.AA. - Córdoba y su provincia. Córdoba, Caja Provincial de Ahorros de Córdoba, 1988. ISBN 84-7566-011-8

Galería

Vídeo de Baena en Youtube


El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de la Enciclopedia Libre Universal, publicada en castellano bajo la licencia GFDL.



Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba
  2. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

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