Guadalquivir

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Río Guadalquivir a su paso por Córdoba.


El río que atraviesa la ciudad de Córdoba es el único de lo grandes ríos de España que nace, recorre y desemboca en una sola comunidad autónoma (Andalucía). Su nombre actual deriva del árabe wadi al-Kabir (río grande), aunque los romanos lo llamaron río Betis y tal vez con anterioridad recibió el nombre de río Tartessos. El río Guadalquivir es grande y verde como el Córdoba. Ole ole

Nace en la Cañada de Aguas Frías en la Sierra de Cazorla (Jaén) y recorrre de este a oeste esta provincia, la de Córdoba y la de Sevilla para desembocar en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Su longitud es de 657 kilómetros.

Entre sus afluentes principales se encuentran los ríos Genil, Guadalbullón y Guadiana Menor. En la provincia de Córdoba sus afluentes por el margen derecho (norte) son el río Yeguas, el Guadalmellato, el Guadiato, el Bembézar y el Retortillo. En cuanto a su margen izquierda, además del mecionado Genil, recibe las aportaciones del Guadajoz.

El río además de proporcionar un medio privilegiado para los cultivos de regadío también ofrece alimento y refugio entre las espesuras de su cauce a la fauna. Pero quizás lo mas destacable, superando fauna y flora sea la visión de conjunto del paisaje.

Las grandes zonas de regadíos que discurren por sus cercanías son paisajes nacidos en la época contemporánea, recientes pero que forman parte ya de la imagen regional más reconocible. Sobre las antiguas vegas del Guadalquivir se ha desarrollado un paisaje agrícola de marcado contraste, visual y funcional, con las comarcas circundantes (Sierra Morena y las Campiñas cerealistas de los secanos). La relativa variedad de cultivos y la alternancia de explotaciones y parcelas de dimensiones pequeñas y grandes, son elementos que dejan su huella en el paisaje, generando una diversidad formal y cromática que la diferencia claramente dentro de un entorno dominado por la imagen del monocultivo. Por su parte, los asentamientos humanos y las infraestructuras de regadío y de transporte acompañan al Guadalquivir en su transcurrir desde Jaén hasta más abajo de la ciudad de Sevilla, contribuyendo a definir una unidad de paisaje continua y muy reconocible a escala regional.

Hasta probablemente época musulmana navegable hasta el mar, desde el siglo XVI hubo diferentes proyectos de hacer navegable el Guadalquivir, cuestión que nunca llegó a concretrarse. Más sobre la Navegabilidad del Guadalquivir

Puentes y Molinos

Córdoba capital

El Guadalquivir a su paso por Córdoba. Marcados en plano, los puentes, molinos y la Isla de las Esculturas


Encauzamiento del río

(artículo principal sobre el encuazamiento del río)

El encauzamiento del río Guadalquivir a su paso por Córdoba tuvo diferentes etapas, desde época romana sus habitantes intentaron proteger a la ciudad de las crecidas que tenía el río.

Hasta mediados del siglo XIX no se reanudaron las obras, fruto del empuje del alcalde, el Duque de Hornachuelos. Es en este periodo cuando se finaliza el primer tramo de los buscados, y se crea el Paseo de la Ribera, frecuentado por parte de los cordobeses durante la segunda mitad del siglo XIX como lugar de esparcimiento.


Inundaciones

Las inundaciones de la ciudad por riadas y crecimientos del río Guadalquivir, han sido numerosas en la historia de la ciudad de Córdoba. No ha sido hasta recientemente cuando estas riadas han sido aplacadas, debido a la construcción del llamado Murallón del Guadalquivir. Se tiene constancia al menos de los siguientes años donde se ha producido desbordamiento del río: 1010, 1481, 1544, 1554, 1604, 1618, 1626, 1683, 1684, 1687, 1691, 1692, 1693, 1697, 1698, 1708, 1739, 1751, 1783, 1785, 1821, 1860, 1917, 1963, 2010


Riada de febrero de 1963

Inundación El Arcángel

La última inundación del Guadalquivir a su paso por Córdoba capital tuvo lugar el 16 de febrero del año 1963, que estuvo a punto de anegar el Campo de la Verdad, pero sí anegó la zona del antiguo Estadio El Arcángel y la zona del El Arenal. Esta riada llegó a alcanzar la cota de 5.300 m3/segundo con una altura de siete metros sobre el cauce medio, que llevó a derrumbar parte del muro de contención así como al desalojo en el Campo de la Verdad de centenares de vecinos.

Estos eran los titulares del Diario Córdoba con fecha 17 de febrero de 1963.

  • 300 familias fueron desalojadas del Campo de la Verdad ante el immiente peligro de ser anegados.
  • El Guadalquivir alcazó a la cota de 6.000 metros cúbicos por segundo y un altura de siete metros desde su nivel normal.
  • El estadio El Arcángel inundado obligó a suspensión del partido Córdoba-Zaragoza.
  • Se derrumba parte del muro de contención que protege al Campo de la Verdad.

Por aquellos días en la sesión "Postal del Día" del Diario Córdoba decía lo siguiente sobre el desbordamiento del Guadalquivir.

El río Guadalquivir, durante años y años, fue perdiendo su categoría de Gran Río como los llamaron los árabes, se convirtió casi en un arroyo, en largos tiempos de sequía o escasas lluvias, apenas si lo teníamos en consideración. Sus grandes avenidas de agua parecía haber pasado a la historia. Estaba como desaparecido, pero ha vuelto a cobrar su antiguo caudal y todo su ímpetu. El Guadalquivir en esta época de constantes y copiosas temporales vuelve a ser noticia e inquietud para los cordobeses. Debemos advertir a las futuras generaciones que es un gigante dormido que puede despertar en cualquier instante y esto es motivo más que suficiente como para que no se invada su cauce.

Se recoge el comentario realizado en el Diario Córdoba con motivo de derrumbamiento del muro contención ocurrido días después del desbordamiento del Guadalquivir:

Es verdaderamente providencial que el derrumbamiento de parte del muro de contención, se produjera cuando la gravedad de la situación había pasado y las aguas del río habían recobrado casi su nivel normal. Había pasado el peligro. ¿Qué hubiera ocurrido de haber sobrevenido el hundimiento cuando la riada estaba en su auge?.
Cuando en la tarde del martes, se supo lo sucedido, se produjo en la gente un movimiento de estupor. Todos coincidían en estimar que Córdoba se había salvado de una catástrofe impresionante.
No es la primera vez, ni mucho menos, que aquellos moradores del Campo de la Verdad tuvieron que ser evacuados de sus casa, ante las riadas. El Guadalquivir buscaba, su ancho cauce en toda la extensión del viejo barrio. Los efectos de aquellas inundaciones las hemos visto más de una vez. Era una inmensa laguna, en la que sobresalían los tejados de las casas. Los vecinos eran puestos a salvo y llevados al otro lado del río por el Puente Romano.
También en ocasiones, saltaban las aguas por los barandales de la ribera o salían a las calles por las tuberías de los desagües. Había destrozos en las casas y enseres, pero las cosa no alcanzaba caracteres de tragedia.
Ahora si. La impetuosidad de la corriente del río y su impresionante subida de nivel hubiera ocasionado una catástrofe inmensa. La brecha abierta en el muro de defensa habría facilitado la entrada tumultuosa de la corriente para anegar por sorpresa los barrios que se alcanzan en esta parte del río.

El Jefe de Estado, General Franco, visitó la ciudad una semana más tarde para comprobar los destrozos provocados por la riada.

Ríada de febrero del año 2010

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En el año 2010 y a consecuencia de un invierno muy lluvioso que obliga a todos los pantanos de la provincia a desembalsar, el 23 de febrero se producen desbordamientos en las zonas urbanísticas aledañas al Gaudalquivir a su paso por Córdoba y barrios periféricos de Córdoba como Guadalvalle[1], o las urbanizaciones del entorno del Aeropuerto, así como Encinarejo, donde se tuvieron que desalojar a cientos de vecinos.

En Córdoba capital el caudal de agua de hasta 1900 metros por segundo muy por encima de la media anual de 150 m3/ segundo, hizo que se cubrieran todos los pilares del Puente Romano, se llenaran de agua el foso de la Torre de la Calahorra y se inundaran cualquier tipo de construcción en el entorno del río a su paso por la ciudad como el Molino de Martos, los diferentes molinos del Guadalquivir, la isla de las Esculturas o la zona del Parque de Miraflores en su parte más baja. [2]


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El día 24 de febrero y a consecuencia del incremento de nuevo en el caudal hasta los 2.500 metros cúbicos por segundo de media, con picos de 3.000 m3[3], el comité asesor del Plan de Emergencias por inundaciones decide declarar zonas evacuables los núcleos Majaneque, La Forja, Cortijo del Rubio, Fontanar de Quintos y la Altea- Guadalvalle, con el objetivo de garantizar y velar por la seguridad de las personas y los bienes de las viviendas[4].

El número de viviendas desalojadas en toda Córdoba superó las 250, habiendo más de 750 personas afectadas. En la urbanización La Altea en la zona de Alcolea fueron más de 150 viviendas desalojadas, en Fontanar de Quintos, unas 30 casas y en las Cigüeñas unas 40.

No será hasta días sucesivos cuando sean permitidos el paso a los residentes a sus casas para comenzar el proceso de limpieza.


Algunas de las zonas inundadas en la ríada de febrero del 2010

En la Provincia

Puentes

Galería

Notas

  1. Más de un centenar de desolados por la crecida del Guadalquivir. Diario Córdoba. 24 de febrero de 2010
  2. El río inunda todo lo inundable. 24 de febrero de 2010. El Día de Córdoba. En las zonas periféricas de la ciudad sí se produjeron inundaciones de diferentes urbanizaciones que obligaron a desalojar a diferenes vecinos
  3. El río alcanza nuevas parcelas y eleva el número de casas desalojadas a 250. Artículo de ABC Córdoba. 25 de febrero de 2010
  4. Temporal.- Declarados zona evacuables distintos núcleos del término municipal de Córdoba. 20 Minutos Edición Córdoba. 24 de febrero de 2010

Enlaces externos

Un río de versos en Rincones de Córdoba con encanto [1]

No debe el río faltar en este apresurado inventario de encantos, pues determinó el origen de Córdoba, fundada por Claudio Marcelo en su orilla. Y aunque la ciudad, desagradecida, le haya vuelto la espalda mucho tiempo –injusticia en vías de reparación–, sus poetas lo colmaron de elogios, como mostrará un sucinto muestrario de versos.

Hay muchos lugares posibles desde los que contemplar el río a su paso por la ciudad. Uno de ellos, consagrado por postales y litografías de todos los tiempos, es la amena avenida dedicada hoy al Obispo Fray Albino, que discurre por la margen izquierda, entre el Puente Romano y el de San Rafael, si bien la concentración monumental que se levanta enfrente, dominada por la Catedral, distrae demasiado. Otro buen mirador es el viejo Puente Romano, que regala dos paisajes fluviales bien distintos: aguas arriba se le ve ensancharse en el Tablazo de las Damas, donde hace honor a su nombre, “río grande”, mientras que aguas abajo pierde su arrogancia para diluirse entre viejos molinos, islillas y vegetación, que cien clases de aves buscan al atardecer para pernoctar. También hay elevados miradores desde los que apreciar su plateada cinta, como las torres del Alcázar o de la Calahorra.

Pero sin duda, el lugar más ligado tradicionalmente a la contemplación del río es la Ribera, los barandales de la Ribera, con sus desgastados poyos de mármol gris, a los que Julio Romero se asomaría a menudo desde la cercana plaza del Potro, y por eso los incorporó repetidamente a los fondos de sus cuadros. Hay que confiar en que el tiempo, que todo lo remedia, acabe reconciliando al viajero con la imagen del nuevo puente de Miraflores –que ha herido gravemente el paisaje fluvial ribereño– cuando se asome al río por la zona aledaña al molino de Martos.

Frente a ello hay que refugiarse en la idealizadora voz de los poetas, que han cantado al río repetida y hermosamente. Y hay que empezar por Góngora, que tiene su soneto a Córdoba indeleblemente grabado frente al “gran río, gran rey de Andalucía, / de arenas nobles ya que no doradas”, como le canta. Claras resonancias del soneto gongorino tienen estos versos del Duque de Rivas: “De las altas almenas del castillo / la ciudad se descubre del risueño / Guadalquivir en la feraz ribera, gigantes torres elevando al viento”.

En otro poema insiste don Luis en la realeza del Guadalquivir, al considerarlo “rey de los otros, río caudaloso, / que en fama claro, en ondas cristalino,...”. Y repite aquel calificativo Juan Rufo, contemporáneo de Góngora: “ Tu cinta rica y preciosa, / que es caudaloso río...”. “Crecido viene el río como mi corazón”, escribe Ricardo Molina, dando un salto en el tiempo, en el hermoso poema XVII de sus Elegías de Sandua. En toda poética descripción de la ciudad está presente el río. Concha Lagos sueña Córdoba “blanca y callada... Por la sierra y el río amurallada”.

Pablo García Baena acierta a plasmar en sus versos la profunda romanidad del viejo Betis: “Pasas y estás como una pisada antigua sobre el mármol, / y hay en tu fondo un velo de argenterías fenicias”, dice, para llamarle rey más adelante, clara resonancia gongorina: “Eres el rey, turbio césar que se desangra / sobre su propia púrpura de barros”.

Muestra el río un variado registro de semblantes, tantos como sensibles miradas de poetas lo contemplen. Será espejo en el que se miren las viejas murallas cuando Ricardo Molina aprecia que “suspira al pie de las murallas de oro”. O reflejará la arquitectura monumental con vocación de eternidad que enjoya la margen derecha: “Abrillantó Guadalquivir su espada / por reflejar tu aljama y tu ajerquía”, como escribe Carlos Clementson. Antonio Gala lo percibe intimista “cuando la reposada luz entorna / los plateados párpados del río”, mientras Antonio Almeda adopta una actitud contemplativa: “Quién se pudiera quedar / toda la tarde mirando / el río, verlo pasar”.

Otras veces el rumor del agua al pasar se hará música o canción: “El río tiene la misma / música de siglos”, percibe Pedro Pozo Alejo, mientras que Gerardo Diego escucha, en fin, la perenne canción políglota del agua a su paso por Córdoba: “Canta que canta el Betis su sempiterna copla / en latín y ladino y rabino y arábigo”.

Referencia

  1. MÁRQUEZ, F.S.. Rincones de Córdoba con encanto. 2003. Diario Córdoba

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